Mostrando entradas con la etiqueta Resentido. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Resentido. Mostrar todas las entradas

domingo, 14 de junio de 2009

Decálogo


1. Un tipo con honor jamás se reúne con la mujer que ama tan solo para conversar.
2. A un hombre con honor no debe de importarle lo que haga o deje de hacer esa mujer que no quiso su amor.
3. Un hombre con honor nunca ha de dirigirle la palabra a aquellos quienes estuvieron o están interesados en esa mujer que (aún) lo perturba.
4. Un hombre con honor debe ser firme y no caer jamás en sentimentalismos ni bondades para con esa hembra.
5. Un hombre con honor ha de cambiar los viejos halagos por nuevos insultos.
6. Un hombre con honor ha de buscar al imbécil ese para partirle la cara. Esté donde esté.
7. Un hombre con honor no puede renunciar a estar borracho; sólo así podrá justificar su deshonroso comportamiento.
8. Un hombre con honor debe poner por lo menos un océano de distancia para evitar las tentaciones.
9. Un hombre con honor debe voltear a ver a todas; una de ellas ha de ser el clavo que le salvará la vida.
10. Un hombre con honor jamás se pone a escribir decálogos; simplemente actúa. Quien lo haga, es un pobre diablo.

domingo, 7 de junio de 2009

Chelís, chinga tu madre


No es que le tenga mala leche a los poblanos, pero por algunas circunstancias siempre me han parecido gente vulgar, corriente y sobre todo fea. Si tengo algún pariente o amigo que sea de ese estado o viva ahí es cosa que me importa un pito. Punto.


Ok. No hagan caso a lo anterior, es tan sólo un intento por iniciar esta columna de manera violenta y provocadora, pero ya nada es violento ni mucho menos provocador en estos tiempos de cinismo y podredumbre. Y para podredumbre no hay mejor ejemplo que el entrenador del Puebla, José Luis Sánchez Solá, mejor conocido como El Chelis. Si no les gusta el futbol ni la política sugiero que abandonen este post y mejor pierdan su tiempo en ver esas estúpidas animaciones de power point que mandan en los mentados forwards. En fin, regreso al tema central. El famoso Chelís era un auténtico don nadie hasta que de pronto apareció en el medio pambolero como entrenador del recién ascendido equipo del Puebla, y en medio de una guerra entre los dueños, él se apartó y supo armar un equipo competitivo a pesar de contar con puros jugadores en desgracia, algunos incluso regresando de su retiro.


No voy a perder el tiempo en relatar cómo los camoteros lograron salvarse de descender porque seguro ya todo mundo lo sabe. Rompieron los pronósticos y le dieron un poco de vida a una liga aburrida y muy mal jugada. Al igual que los Indios de la violentísima Ciudad Juárez, el Puebla logró congregar a las masas a su favor, esas que siempre están con el débil que sale avante de las adversidades. Los camoteros, de la mano del Chelís, lograron lo impensable, porque además de no descender, se calificaron a la liguilla y estuvieron a unos minutos de ser finalistas.


¿Es éste un blog deportivo? No, carajo, sigan leyendo para entender mi mensaje, por favor. Una vez que el Puebla quedó eliminado del torneo, la escuadra regresó a su ciudad para ser recibida por miles de fanáticos que hicieron un jolgorio parecido al de Barcelona luego de lograr la liga y la champions (…) Las porras para cada jugador no cesaron, pero la figura central, el héroe de la película, papá, era el Chelís. ¿Verdad que ya saben por dónde va la cosa? Pues ese Chelís, cuya calva fue estampada en miles de playeras, apenas terminó de abrazar a sus jugadores cuando aseguró que el equipo necesitaba más apoyos, “como es el que nos brinda nuestro señor gobernador”. ¡Con un carajo!, el funcionario referido es nada menos que Mario Marín, el gober precioso, el mismo que fue grabado en una conversación vergonzosa, una plática que lo dejó en evidencia, que lo desenmascaró como cómplice de una red de prostitución infantil.


A ese delincuente el Chelis le declaró su reconocimiento: “Yo hago lo que el gobernador me mande”, dijo, y enseguida protagonizó los spots para el PRI, su partido. ¿A qué se refiere cuando dice que hace lo que mande el gobernador? ¿Si lo manda por unas niñas, irá por ellas? ¿Si lo pone a videograbarlas, lo hará? ¿Si lo pone a promocionar los pantalones que fabrica Kamel Nacif, el industrial-pornógrafo, obedecerá sin respingos?


Habría que preguntarse cuántas de esas personas que salieron a festejar el salvamento del Puebla hicieron lo propio para exigir la renuncia del cínico Marín, quien por cierto es muy amigo de Calderón, que en campaña juró hacerlo a un lado. Vaya país de bárbaros.
Bah, ya me cansé de escribir. No sé porque tantos argumentos para justificar algo muy sencillo de decir.

Chelis, vas y chingas a tu madre, tú y todos esos BICHOS poblanos con los que te juntas.


martes, 21 de abril de 2009

Manifiesto











"La amistad sólo resulta interesante y profunda en la juventud. Es evidente que con la edad lo que más se teme es que nuestros amigos nos sobrevivan”. Lo dijo Ciorán, mi pesimista de cabecera a quien siempre debo creerle. Pensar en el retiro es algo que ronda mi cabeza, a la cual, sospechosa y prematuramente le empiezan a nacer algunas canas.

No había escrito nada en esta marranada de blog justo desde que me largué de vacaciones con mis amigos a la playa. Nos fuimos a acampar, como si se tratara de mocosos en busca de la aventura extrema, pero, ¡carajo!, ya no estamos para eso.
Quienes emprendimos la ruta a Maruata tenemos trabajos un tanto miserables que sin embargo alcanzarían para comprar uno de esos paquetes turísticos que incluyen hospedaje y comida decente; sin embargo, la cúpula de adolescentes tardíos optamos por dormir resguardados por casas de campaña, comimos la peor basura que tenga memoria, bebimos el asqueroso bacacho que tantas vomitadas me provoca y lo peor es que mojamos nuestros cuerpos desnudos con líquidos reciclados de dudosísima procedencia. (Bueno, lo peor, en realidad, fue que los seis condones que cargaba en mi maleta regresaron intactos; otra vez: ¡carajo!).

Si alguien cree que estoy exagerando en mi análisis, tan sólo mire las fotos que acompañan a este manifiesto del hartazgo. Ese del suéter moradito es Salvador; aprovechó que una amiga salió a comprar más cerveza para hurtarle su prenda; bailaba de forma absurda y encima se acercaba para decirnos: “Mira, huele bien bonito, a mujer”. Lo hizo tantas veces que quise golpearlo, pero cómo lo iba a hacer si es Chavita, el Chava Rock. El que está tirado en el sillón, con el torso descubierto, responde al nombre de Luis. Suele quitarse su ramera cuando la música llega al máximo nivel, baila de todo y al final, siempre, termina tirado, semidesnudo y con una cuba en la mano.

Qué decir de Erick, el pístico, a quien el exceso de alcohol lo vuelve ídolo del pancracio y streaper; este show nudista en la playa lo dice todo; no hay más que agregar. El de la peluca de Paulina Rubio es Gil (Luis intenta besarlo y Salvador, disfrazado de conejita, mira al fondo). Ni hablar de René, caracterizado como esos engendros de Piratas del Caribe… sin palabras. Y el Maicol… el treintón del Maicol y sus actitudes de quinceañero. (ver cuento de “El Canelo" más abajo)
Lo siento amigos míos, pero me declaro incompetente para seguirme prestando a estas fiestas donde sólo hacemos el inmenso ridículo. Basta de rocanrol, basta de cumbias electrónicas. No más Hot Chip, no más Kinky ni Interpol. Llegó la hora de Stravinsky, de Williams, de Bizet, de Rossini, de Mendelssohn, de Sibelius, de Mahler.
Si aún me aprecian los espero en la terraza de un lugar elegante. Estará ahí, escuchando el Concierto para violín y orquesta No. 1 en sol menor, Op. 26 de Max Bruch, con un vino caro y una mujer madura.

lunes, 9 de febrero de 2009

Jorge Reyes, in memoriam


El alcohol, el futbol y un poco de hueva se cruzaron en mi camino este fin de semana. Así que hoy lunes, revisando la prensa en línea, descubro un hecho lamentable: el sábado murió Jorge Reyes, el etno-músico nacido en Uruapan allá por 1952. La primera vez que supe de él fue por un viejo casete que alguien me regaló; la cinta magnética estaba llena de un viaje pacheco por las órbitas de nuestros antepasados.


Luego un amigo me contó que lo había visto tocar en Pátzcuaro, un 2 de noviembre, y que la experiencia le había resultado aterradoramente brillante. Poco a poco fui consiguiendo más música de Reyes y también supe que inició como rockero en Chac Mool, una banda de progresivo, o algo así.

La primera vez que lo vi en vivo fue en el Teatro Morelos, de Morelia, a donde llegó con todo su ritual, incluyendo velas, inciensos y desde luego una serie de instrumentos sonoros prehispánicos que sólo él sabía armonizar. Tuve la suerte que al término del concierto me regalara unos minutos para entrevistarlo. Entre otras cosas me dijo que Chac Mool había terminado por aburrirle, y que el rock le parecía una cosa superficial, una pose. Yo no estaba muy de acuerdo, pero si lo decía él, había que concederle cierta razón.

Con el tiempo la figura de Jorge Reyes fue creciendo, con producciones independientes, comprometidas con el tributo a las culturas milenarias. Verlo tocar resultaba siempre alentador, pues a diferencia de alguna banda comercial, lo de este compadre era siempre distinto, un nuevo ritual.

La última vez que lo vi fue en Acapulco, al año pasado. Junto a sus músicos inauguró el Festival de Cine de ese puerto, llenando de humo y vientos musicales la terraza de un elegante edificio. Pero no fue precisamente una noche armoniosa, pues el sonido era de pésima calidad, lo que lo enfureció al grado tal de liarse a gritos con uno de los organizadores.

Días después volví a topármelo, esta vez en una discoteca acapulqueña de lo más fresa. Llegué con César, compañero de trabajo que de inmediato notó algo peculiar en la pista de baile: “Mira, cabrón, ¿no es ése güey el padrecito de TV Azteca?”. Se refería a un sacerdote que suele aparecer en distintos programas de dicha televisora dando consejos para que las familias se vayan al cielo. Sin la sotana y sin tapujos, al sacerdote se dejaba abrazar por distintas chicas mientras el dj le subía a las rolas de reggaetón; se conjugaba con ellas para dibujar coreografías mamonsísimas, bien candentes. La escena nos contagió hasta el punto de buscarlo y pedirle que se dejara tomar una foto con nosotros. Accedió de lo más amable, y no le importó que César y yo presumiéramos ante la cámara nuestras cervezas. Queríamos demostrar que estábamos bebiendo con el famoso padrecito, que en honor a la verdad, echaba mucho desmadre, pero nunca lo vimos chupando o pasándose de lanza con alguna nena al estilo del fallecido Marcial Maciel.

Si la noche era un poco bizarra, más tarde se pondría peor. De pronto a la bulla creada por el representante de Dios se unía ni más ni menos que el mismísimo Jorge Reyes. Así es, el músico que le canta a los dioses aztecas ahora bailaba, desenfrenado, esa canción de Chayán cuyo coro dice: “Fieeeeesssta/ en Ameeeerica” Me quedé absorto, mi ingenuidad suponía que este tipo de personalidades jamás sucumbían ante las fiestas fresas y sin propuesta. Nada más erróneo. Don Jorge bailaba con su mujer y también levantaba los brazos y cantaba a todo pulmón la rola de Luis Miguel que dice: “No culpes a la noooooche/no culpes a la plaaaaya/ no culpes a la lluuuuvia/¿será que no me amas?”

A la mañana siguiente supuse que todo había sido un extraño sueño, pero César reafirmaba lo acontecido. Jorge Reyes, el enviado de los dioses prehispánicos, también le entraba al pop y al reggaetón. Era un mortal más, como cualquiera de nosotros.
Descanse en paz.